El necesario triunfo ante un rival directo como el Menorca y la imagen ofrecida devuelven la confianza a un equipo y una afición que siguen creyendo en sus posibilidades de permanencia en la ACB.
En plena agonía, en una dinámica nefasta, con el pesimismo invadiendo el vestuario y la vuelta a la LEB merodeando por las mentes de los aficionados el CAI demostró ayer que no está ni mucho menos muerto, al revés, está muy vivo. Tras trece jornadas en las que solo había cosechado una alegría, el conjunto rojillo reaccionó en el momento justo y ante el rival necesario. Su victoria, la primera de Alberto Angulo como entrenador ACB, sobre el Vive Menorca da aire a los rojillos, y, lo que es más importante, les devuelve la confianza en sí mismos, la fe para creer en sus posibilidades de triunfo incluso en canchas donde hasta ahora era impensable ganar, y les otorga una mínima ventaja sobre los puestos de descenso que un reforzado y fortalecido moralmente CAI debe administrar de aquí al nueve de mayo. Pero lo fundamental es que el pulso aragonés sigue latiendo con fuerza, al igual que el de una afición que ayer demostró que estará a las duras y a las maduras al apoyar a muerte a los suyos. Varios son los aspectos que han hecho cambiar la cara de los zaragozanos. Lo primero, y quizá más decisivo, el calendario. Por fin el equipo de Angulo recibía a un rival asequible, a un adversario de la zona baja de la clasificación. Llegaban los baleares tan necesitados como los aragoneses y el CAI no solo dio un importante paso hacia la permanencia sino que mina la moral de los de Imbroda de cara al futuro próximo. Y en ese instante propicio como era el de ayer, se añadieron otros dos factores vitales. La llegada de Loren Woods a la plantilla podía haber sido anecdótica, pero no lo fue. Como había anunciado su técnico, el pívot americano cambiaba todo. Y eso es lo que ocurrió, que con un cinco intimidador, que domina el rebote, un referente al poste bajo, todo el equipo jugó más cómodo. Su experiencia le hace jugar con inteligencia, genera espacios para sus compañeros y, sobre todo, ofrece la tranquilidad necesaria a los tiradores, ya que su sola presencia garantiza la lucha por el rebote ofensivo, una de las claves del sexto triunfo rojillo. No solo Woods cambió la imagen del CAI. Para empezar, la intensidad defensiva de los de Angulo fue constante. Unas veces castigada con faltas y otras no, con fortuna o sin ella pero la intención de proteger el aro propio existió en cada ataque visitante. Y en eso el que ayuda y mucho es el público. La transformación de la grada del Príncipe Felipe fue radical. Los entendidos sabían de la trascendencia del encuentro y dejaron de lado las críticas para volcarse con su equipo. Desde muchos minutos antes de lanzarse el balón al aire, los aficionados ovacionaban a su conjunto y pitaban al rival para que se sintiera incómodo. Esta vez no fueron 'palomiteros', se enfundaron las 10.000 camisetas rojas repartidas por el club y se convirtieron en el auténtico sexto hombre. Broncas a los árbitros, mucho ruido en las posesiones menorquinas y aplausos y apoyo continuo a un CAI que ayer sí que se sintió totalmente arropado por sus seguidores. Así debería ser siempre, algo comentado en la sala de prensa tras el encuentro. El equipo parecía otro, a pesar de que durante bastantes minutos fue por detrás en el marcador. Pero era el día de mostrar un carácter ganador y optimista. Angulo también dio un giro al moderar esas rotaciones excesivas de otras citas e imponía la lógica del baloncesto, es decir, que el que está bien y marca las diferencias juega más minutos que otros. La victoria además de calmar los ánimos coloca al cuadro zaragozano con seis triunfos en la tabla, dos más que el colista Cajasol y una más que el Vive Menorca, los dos conjuntos que ocupan puestos de descenso. Un renta mínima, pero importante en una lucha en las que están metidos seis equipos, ya que con siete triunfos están Bruesa, Estudiantes y Murcia. Lo mejor de todo y lo que hace al CAI estar más vivo todavía es que tres de ellos (Bruesa, Cajasol y Murcia) tienen que pasar por el Príncipe Felipe y murcianos, madrileños y baleares todavía no han tenido su jornada de descanso. Tiene que ir a más Esto ya tiene otra pinta. Pero tampoco conviene pasar del negro al blanco, ya que el panorama es gris clarito. Es decir, las opciones de permanencia han crecido, pero el CAI no puede relajarse y debe asegurarla lo antes posible. Ahora, además, cuenta con un margen amplio de mejora. Si el equipo ha sido capaz de jugar así tras solo una semana con Woods, cuando el americano se adapte aún más y la dinámica sea más positiva el conjunto rojillo tiene que ir a más. El equipo vive, ha recuperado cosas importantes como la confianza y la calma para afrontar otros decisivos encuentros. Pero falta mucho, que nadie baje la guardia porque el esfuerzo dejará al CAI sano y salvo... en la ACB.
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lunes, 2 de marzo de 2009
El CAI está vivo
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