Agapito Iglesias acudió ayer a la sesión de preparación del Real Zaragoza. El entrenamiento se celebró a puerta abierta en el estadio de La Romareda. Más de medio millar de espectadores desafiaron al frío para apoyar al equipo.
Las condiciones meteorológicas deslucieron ayer la fiesta popular de la Cincomarzada. El viento derribó el festejo. En el estadio de La Romareda también aullaba el cierzo, con su efecto agravador de la fría temperatura que refrigeraba la capital aragonesa. Sin embargo, ni el frío ni el viento impidieron que la afición mostrara todo su calor hacia el equipo zaragocista, al que llenó de moral para afrontar el choque ante el Hércules y el tramo final de la competición en la Segunda División. Más de medio millar de espectadores acudieron a la gélida sesión de entrenamiento desarrollada ayer en el estadio municipal. La afición aprovechó el cambio de escenario de la sesión de trabajo (habitualmente el Zaragoza entrena en la Ciudad Deportiva), volcándose con los suyos. La generosidad de los parroquianos fue extrema. Hubo aplausos para todos. Los jugadores fueron jaleados al saltar al campo, con dedicatoria especial para Ewerthon. También fue recibido con mucho cariño el técnico, Marcelino García Toral, que se agregó con posterioridad al núcleo central que formaron sus jugadores. A la sesión acudió el accionista mayoritario del club, Agapito Iglesias, que estuvo acompañado en la banda por Ernesto Bello, Jesús Solana Bermejo y el doctor Jesús Villanueva. Luego, Agapito Iglesias presenció el partidillo de entrenamiento desde el banquillo, acompañado en esta ocasión por Pedro Herrera, secretario técnico del club; Óscar Celada, médido del primer equipo; y el delantero Braulio, futbolista de la primera plantilla que en estos momentos se encuentra recuperándose de una lesión. La presencia de Agapito en el entrenamiento cabe inscribirla en la batería de respaldos que está recibiendo la plantilla que dirige Marcelino. A pesar de que los resultados son hasta el momento inferiores a lo esperado, en el vestuario hay una sensación de confianza, de seguridad en la seriedad del trabajo que se viene desarrollando. Este hecho nada tiene que ver con los continuos conflictos que se vivieron en la pasada temporada, sobre todo en la etapa de Víctor Fernández, con abundantes incidentes entre jugadores, y entre algún futbolista y el entrenador. Esta tensión, entre otros motivos, derivó en el descenso a la Segunda División. Confiado en sus fuerzas, respaldado por una afición siempre fiel, el Real Zaragoza intentará vencer el próximo domingo al Hércules para continuar su camino hacia la Primera División, la categoría que merece el club aragonés y su incansable afición.
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viernes, 6 de marzo de 2009
¡A primera!
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