Tras las molestias que sufrió el domingo en su rodilla izquierda, Ewerthon apenas se ejercitó ayer para evitar riesgos mayores
Un escalofrío largo e intenso corrió por el cuerpo de miles de zaragocistas el pasado domingo cuando, mediado el partido, Ewerthon se retiró a la banda para ser atendido por los médicos de un dolor en su rodilla izquierda. Llevaba ya dos minutos renqueante después de una jugada con Arizmendi. Por fortuna, el goleador brasileño pudo terminar el choque y el susto no pasó a mayores. Pero los responsables del área médica iniciaron en la misma caseta, una vez concluido el envite contra el Hércules, un proceso de máximo cuidado físico del paulista que va a permanecer vigente hasta el final de la temporada. En estos momentos, es indiscutible que una lesión mínimamente importante que pudiera sufrir Ewerthon (con 18 goles, el mayor activo de la plantilla de cara al ascenso) sería un quebranto de incalculables repercusiones para el proyecto del Real Zaragoza. Por eso ayer, tras la primera hora de trabajo que la plantilla llevó a cabo en el gimnasio, Ewerthon apenas trotó cinco minutos sobre el césped para comprobar la evolución de sus molestias en el tendón cuadricipital de la articulación afectada. Y no han desaparecido del todo. Sigue rascando a la hora de correr. Así que, de inmediato, se ordenó parar al ariete y se le aplicó una rodillera con hielo que portó durante casi media hora de manera llamativa. En ese ínterin, Marcelino aprovechó para entablar con él una larga charla. Hace ya un par de semanas que la musculatura del delantero ha comenzado a lanzar avisos. Sabido es que su conformación física, unida con la explosividad de su fútbol, le convierte en un jugador al borde del riesgo si la fatiga se acumula en sus piernas. Ya hace diez días inició un plan personalizado de ejercicios medidos con el fisioterapeuta Andrés Ubieto. Esta dolencia aparecida el domingo en su rodilla zurda supone una nueva advertencia de que Ewerthon está, en el argot que utiliza el preparador físico Ismael Fernández, con el semáforo naranja. Hoy, el brasileño probará a ejercitarse con normalidad con el grupo. De cuáles sean sus sensaciones dependerá el tratamiento a seguir. Eso sí, salvo imprevistos, jugará el sábado en Vitoria. Su concurso es imprescindible.
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miércoles, 11 de marzo de 2009
Máximo cuidado
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