Hasta el 10 de mayo se podrá admirar una retrospectiva del pintor zaragozano, miembro del célebre grupo El Paso y uno de los artistas más importantes del siglo XX en España
La obra de Manuel Viola no admite muchas vacilaciones al espectador. Se disfruta de su talento como de la ópera, con desmayo y emoción. La diferencia estriba en que no se conoce tasa de rechazo entre los que se someten a su arte por vez primera. Desde ayer y hasta el 10 de mayo, 35 obras de la etapa más prolífica y aplaudida del pintor zaragozano cuelgan de las paredes de la Casa de los Morlanes (plaza de San Carlos, 4, Zaragoza) y allí se quedarán hasta el 10 de mayo, gracias a la deferencia de diversas pinacotecas, coleccionistas particulares y la propia hija del pintor, Encarnación, presente en la inauguración oficial de la muestra. Bajo el paraguas conceptual de 'Luminosidad oscura', la muestra abarca el período creativo comprendido entre 1959 y 1974. "A mi padre le hubiera gustado estar un poco más en Zaragoza" comentó Encarnación, quien reveló igualmente algunos detalles del especialísimo carácter de su padre, tanto en su faceta artística como en la personal. "Era todo un intelectual, siempre pendiente de la actualidad, y también un hombre muy familiar, con las emociones siempre presentes". Esas emociones de Viola encontraron un canal natural y explosivo en la pintura desde muy pronto. El comisario de esta exposición, Fernando Fernán-Gómez -hijo y vivo retrato del inolvidable actor-, catalogaba ayer el período que atañe a la muestra de "su etapa más vital, desde las obras que coinciden con su ingreso en el grupo El Paso, a finales de los 50, hasta mediados de los 70, antes de que la enfermedad afectase a su producción". Fernán-Gómez ha estudiado la obra de Viola durante 20 años y se encargó de rescatar de todos los puntos de España estas piezas, que tienen un común denominador en la presencia apabullante de la luz, el movimiento y la fuerza expresiva. El zaragozano, nacido en 1916 y fallecido en 1987, vivió (como tantos otros) el exilio en Francia, donde comenzó a despuntar como pintor al abrigo de dos grandes referencias, André Breton y Pablo Picasso. Allí ya rompió moldes con su ética de trabajo y los impactantes resultados obtenidos. Muestra de ello es su ingreso tardío en El Paso, que se produjo por aclamación del resto de miembros, todos más jóvenes que él. Su alejamiento posterior del grupo coincide también con la liberación del color en sus cuadros, con la base del juego convulso entre las luces y las sombras. La exposición abre de 10.00 a 14.00 y de 17.00 a 21.00 los días laborables, y de 10.00 a 14.00 los festivos. La sala cierra los lunes.
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miércoles, 25 de marzo de 2009
La obra de Manuel Viola toma posesión de la Casa de los Morlanes por dos meses
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