lunes, 2 de marzo de 2009

Dulce plata


El Unicaja Almería no desaprovechó la ocasión de vencer ante su público y derrotó al equipo turolense en tres sets (25-21, 27-25, 25-12) adjudicándose la Copa del Rey.

Nada se puede reprochar al CAI Teruel. Tres temporadas entre los grandes del voleibol le han permitido disputar un "play off" al título, dos Copas del Rey y hacer historia con su debut europeo. Ayer se citaba para vivir un momento de gloria, una final copera que podría abrir su palmarés en su corta trayectoria en la elite nacional. En una Almería primaveral, el sol no brilló para iluminar a un CAI desdibujado en el pabellón Moisés Ruiz, que acusó el maratón de tres partidos consecutivos en otros tantos días. Arropado por más de 200 aficionados que se dejaron la voz por el equipo de sus amores, el conjunto de Óscar Novillo no pudo rematar un torneo con el que soñaba. Certificó su pase a la final eliminando al líder, el Palma, de forma magistral. Pero ayer no pudo con la mejor versión del Unicaja en lo que va de temporada. "Un equipazo", reconocía Novillo. El conjunto almeriense lo bordó y levantó la Copa. De paso, acababa con nueve años de sequía del anfitrion del torneo del K.O., y celebraba su trigésimo aniversario del club con este título. El CAI se colgó la medalla de plata, con tristeza, pero los seguidores turolenses -y una ciudad, desde la lejanía- aplaudieron a su equipo como si fuera el auténtico campeón. El saque es objeto de estudio pedagógico. Hay tesis sobre la materia. El éxito o el fracaso dependen de un buen o mal saque. La respuesta al vuelo del balón, cuando parte de la mano del jugador, es la recepción. Y, a partir de ahí, llega el bloqueo, el ataque. El tema era saber quién de los dos, Unicaja o CAI, iba a estar más fino con el saque. Y en el primer set, el anfitrión mandó en la estadística. Pin, pan, madre mía, qué pelotazos. Este es el juego del Unicaja, su principal baza que se complementa con un poderoso ataque que lideró Barcala, impresionante en la primera manga, MVP de la Copa. El opuesto gaditano se formó en las categorías inferiores del club ahorrador, y, tras su paso por Vecindario y las dos últimas campañas en Palma, regresó este año para confirmarse como el mejor de un equipo, ayer, temible. Al CAI no le salió nada bien. Y su principal activo, Anderson, no funcionó. Apagado, oscuro. "La clave era parar a Anderson", reconocía el entrenador del Unicaja, Carlos Carreño. Un detalle: dos puntos de ocho remates para el brasileño; Barcala, siete de nueve. Un parcial tan igualado (8-6, 16-15) solo lo podía romper aquel que cometiera más errores. Y este fue el CAI. Nunca pudo dominar el set. Con dificultades en la recepción, falto de frescura en el reparto del juego, flojo en defensa, romo en ataque. Barcala volaba en la pista y a la fiesta verde se sumaba Olteanu (puso el 19-17), Hotulevs (saque directo, 20-17) y Delgado. Su remate suponía el 21-17, y Novilla pedía tiempo muerto. Concentración. Pero con semejante ruido en el pabellón era imposible mantener la secuencia del partido. El CAI recortó la diferencia a dos puntos (23-21), aunque Barcala, quién si no, ponía franco el primer set para Unicaja. "Teruel, Teruel", gritaba la afición naranja intentando levantar el ánimo de su equipo. El segundo capítulo tuvo el mismo comienzo que el anterior, igual desarrollo (8-5, 16-12). Aunque estuvo en un 'ay' de cambiar el desenlace. El CAI reaccionó al adverso resultado que reflejaba el electrónico. Por un momento, empezó a funcionar el bloqueo, el saque era acertado, el balón circulaba y Torres hacía el 22-20. Carreño paró el partido. El CAI estaba dispuesto a morir en la pista. "A por ellos", chillaba la marea naranja. Olteanu remataba fuera: 23-23. Anderson fallaba el saque y Unicaja tenía un punto para partido. Ualas evitó en dos ocasiones que el Unicaja cerrara la manga (25-25). Barcala remató en solitario. El pabellón explotaba. Torres mantenía el suspense, pega el balón y hay invasión del área turolense. No era bloqueo. Incomprensiblemente, el árbitro principal, Juan Luis Galán, le da el punto al Unicaja. El banquillo del CAI protesta de forma acalorada. El delirio en el Moisés Ruiz. Ahí se acabó el partido. El CAI Teruel desapareció. Barcala seguía machacando la defensa turolense, y, con una recepción perfecta y tres saques directos, abrió distancia desde el arranque (8-4). Las diferencias crecían a un ritmo vertiginoso (21-11) y el equipo de Novillo bajó los brazos, impotente ante el ímpetu del rival y el éxtasis de la afición almeriense.


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