Su sola presencia incita al nerviosismo, aunque su fin sea loable: cobrar las deudas. En Aragón, entre 600 y 1.000 personas los contratan cada año. Por Chaco Morais
Los hombres de negro no los inventaron los de 'Caiga quien caiga'. Antes, hace unos veinte años, empezaron otros que, cambiando el traje por el frac, también se dedican a meter el dedo en la llaga. Pero no a los políticos, sino a los morosos. Y, ambos, con un complicado día a día. Así salen a la calle los cobradores del frac, a llamar al moroso a su puerta y a dejarles una tarjeta en el buzón. Y, si aparcan su coche en la puerta del deudor, mejor. "Es nuestra mejor arma porque provoca mucha vergüenza que lo vean los vecinos", explica Manfred Günther. Este efecto disuasorio lo ha comprobado Manfred de primera mano. En una ocasión, llegó a Valencia, aparcó el coche y, nada más bajarse de él, salió una mujer de la tienda de enfrente con 150 euros en la mano. "Resultó ser la morosa y me pidió, ante todo, que me llevara el coche". No todo el mundo es tan amigable, aunque el cobrador lo toma como parte del trabajo. "Cuando empecé -relata Manfred-, a mi familia no le gustaba y estuve a punto de dejarlo. Pero engancha. Tiene su parte de investigación y, cuando tocas el timbre, te entra un gusanillo…". Tras años en la empresa, Günther tiene sus propios trucos: sabe que "no hay un moroso que reconozca la deuda a la primera", afirma que donde mejor se cobra es en los pueblos ("porque te llevan de la mano a la casa del moroso") y reconoce que su presa favorita es "el jeta profesional". "Una vez -recuerda-, seguí a un hombre, declarado insolvente, que conducía un Porsche. Se decidió a pagar cuando lo visité en un bar en el que comía con unos amigos". Otras veces, hay que buscar el dinero a través de los allegados. "Nos contrató un restaurante porque los novios no pagaban el convite. Llamamos a los invitados y fueron ellos los que echaron en cara a la pareja su actitud. Pagaron echando virutas", recuerda Manfred. Ahora, la situación es más difícil. "Las cosas están duras para cobrar", informa Francisco Aguilocho, jefe de ventas de la delegación zaragozana. Y es que este gremio sí nota la crisis, solo que al revés. Aunque anualmente atienden en Aragón entre 600 y 1.000 peticiones, en 2008, ya han recibido un 30% más de consultas. Y eso que, según su responsable, "aquí se ha notado menos que en el resto del país, quizá por nuestro carácter". "En tiempos de bonanza, teníamos tres cobradores -dice Aguilocho-. Ahora, hay seis y uno de prácticas", que tendrá que aprender un trabajo para el que hace falta "tener ímpetu y poca vergüenza. Es más importante ser inteligente que cachas". De hecho, "gente que debía dinero ha acabado trabajando en el cobrador del frac. ¡Y son los mejores!", comenta entre risas. Claro, que parten con ventaja, porque saben ponerse en el lugar del otro...
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martes, 4 de noviembre de 2008
De etiqueta para arruinar la fiesta al moroso
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