La venta del solar donde están las oficinas a una sociedad del propio Zaragoza salva el ejercicio 2007/2008. Los resultados ordinarios fueron negativos: de 23,3 millones de euros.
El Real Zaragoza presentará hoy en Junta de Accionistas sus cuentas de explotación y balance del pasado ejercicio, el correspondiente a la temporada 2007/2008. Después de impuestos, el club perdió en ese periodo 1,6 millones de euros, una cifra discreta y de apariencias asumibles. Puesta en relación con los 0,3 millones de euros de beneficios de la temporada 2006/2007, podría pensarse que Agapito Iglesias ha solucionado el tradicional y preocupante desequilibrio entre ingresos y gastos del club aragonés, en el que los primeros son bastante inferiores a los segundos. En este capítulo, sin embargo, no se ha avanzado. Al revés. La brecha que separa las cantidades que se ingresan y los gastos que se efectúan en la actividad ordinaria del Real Zaragoza ha crecido, se ha ensanchado en esta nueva época, que estaba llamada a grandes logros deportivos y societarios y que, por el contrario, camina por senderos de inquietud e incertidumbre cuando se lanza la mirada al futuro. Las razones de los números negros o de pérdidas escasas que presenta Agapito Iglesias en sus cuentas de explotación hay que buscarlas en los ingresos extraordinarios. En la primera ocasión, el origen de los beneficios estuvo en la contabilización en un solo ejercicio de todos los ingresos correspondientes a la venta de Gaby Milito al F.C. Barcelona. En esta ocasión, la raíz de unas cuentas de explotación casi equilibradas se halla en una operación inmobiliaria: en la venta de la pastilla donde se encuentran las oficinas del club a la sociedad Zaragoza Real Estate, cuyo capital social está aportado por el propio club y por la fundación del Real Zaragoza. De la mencionada operación de venta de dicho inmueble, que por otra parte es un bien en proceso de litigio, se han derivado para el club unos resultados extraordinarios de 23,6 millones de euros. Con ellos se ha paliado el resultado negativo de la actividad ordinaria del club, que se elevó a unos números rojos de 23,3 millones. Tanta es la influencia de los ingresos extraordinarios que los resultados del Real Zaragoza antes de impuestos son positivos. Ofrecen un saldo favorable de 265 mil euros. En definitiva, la venta del solar donde se levantan las oficinas del club y los derechos de edificación sobre ese suelo han salvado las cuentas del ejercicio. Como derivada directa, también han librado al balance de la incorporación de pesados resultados negativos, que ya fueron motivo de la reciente operación acordeón; es decir, de las famosas reducción y ampliación de capital. Aunque en el desarrollo de la Junta de hoy no se producirán, como es natural, quiebras o fisuras entre los responsables de la sociedad anónima deportiva, sí que existe en varios de los principales ejecutivos un hondo sentimiento de contrariedad por la ingente cantidad de recursos que durante el ejercicio pasado se confiaron a la Secretaría Técnica y por el nefasto resultado obtenido: un descenso a Segunda en el año en el que se celebraba el setenta y cinco aniversario de la fundación de la entidad. Durante el ejercicio 2007/2008 el Real Zaragoza gastó más que nunca en su historia. Subió su presupuesto a una cifra astronómica en relación a su marcha histórica. Se sitúo en 66,3 millones de euros -el sexto presupuesto de la Liga- con el fin de situarse entre los grandes y notables del fútbol nacional. El final inmediato de este esfuerzo económico ya es conocido. Si el club ha quedado extenuado por este -en principio- loable empeño o, por el contrario, mantiene cierto pulmón financiero es la gran cuestión a la que se enfrentan ahora el Consejo de Administración; Javier Porquera, director corporativo; Eduardo Bandrés, presidente ejecutivo; y, sobre todo, Agapito Iglesias, titular del 96,7% del accionariado. La solución a esta encrucijada mantiene una fuerte vinculación con el acontecer deportivo del equipo. Si Marcelino García Toral logra el ascenso a Primera División, la perspectiva será una. Si no, otra radicalmente diferente. En Primera División, el Real Zaragoza ha dado muestras de que es capaz de generar unos ingresos más o menos estables de envergadura: de más de 46 millones de euros en la última campaña en la máxima categoría del fútbol nacional. El club -se señala desde dentro- está preparado para afrontar un año de travesía por el desierto de la Segunda. Nadie quiere pensar en que el castigo por los errores deportivos cometidos el año pasado sea mayor. Amenazaría un colapso.
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lunes, 17 de noviembre de 2008
Agarrados a los ingresos extraordinarios
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Noticias cincoguias
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