miércoles, 4 de marzo de 2009

Dos cervezas sin alcohol, pruebas de un homicidio


El fiscal pide 21 años de prisión para un ciudadano rumano, acusado de matar a un octogenario en Gallur por un botín de 50 euros

Dos cervezas sin alcohol se han convertido en la principal prueba de cargo contra Marian Oae, un ciudadano rumano al que se juzga desde ayer en la Audiencia de Zaragoza por el homicidio de un octogenario en Gallur. La primera lata fue hallada en una papelera de la casa de la víctima, donde al parecer la arrojó el procesado después de limpiar sus huellas. Sin embargo, olvidó que en el borde superior quedaba algo más valioso: su saliva. La Guardia Civil encontró el segundo bote en la vivienda que ocupaba el sospechoso. Coincidía la marca, el lote de fabricación y la fecha de caducidad.   Con un español poco inteligible y renunciando a la asistencia de la intérprete, Marian Oae contestó ayer a las contadas preguntas que le formularon la fiscal y su abogada, Carmen Sánchez Herrero. "Cuando se cometió el crimen, yo estaba robando en otra casa del pueblo", explicó al tribunal. "Yo no entré nunca en la vivienda de este hombre ni sé nada de su muerte", añadió.   El acusado recordó que llevaba entre dos y tres meses ocupando una casa del municipio que halló deshabitada. La ordenó un poco y puso un cerrojo en la puerta, haciéndola suya. Previamente, había estado viviendo en Luceni y Épila. Respecto a su trabajo o la forma en que se ganaba la vida, Marian Oae no supo dar explicaciones. Fueron los agentes del puesto de la Guardia Civil de Gallur, que también declararon como testigos, los que recordaron que este hombre había sido detenido en varias ocasiones por robos y hurtos.   Según la versión de los hechos que mantiene la fiscalía, que pide una condena de 21 años de prisión para el acusado, la noche del 4 al 5 de septiembre de 2007 accedió a la vivienda de Victoriano Francés, de 88 años. Una vez dentro, le asestó un fuerte golpe en la cabeza que acabó con su vida. Desde el principio, los investigadores mantuvieron que el móvil del homicidio fue el robo, puesto que el hijo del fallecido echó en falta un reloj de pulsera y un teléfono móvil: un 'tesoro' valorado en 50 euros.   Aunque el presunto homicida se preocupó de limpiar la casa y de esconder el cuerpo en el cuarto de calderas, el laboratorio de criminalística de la Guardia Civil no tardó en hallar las primeras pruebas del crimen. Además de las gotas de sangre que aparecieron en la cocina, los investigadores vieron que el cadáver había sido arrastrado. "Se encontraba en una posición nada natural, había perdido las zapatillas y tenía los pantalones algo bajados, lo que nos hizo pensar en el arrastre", explicaron.   El testimonio de un joven, que vio como la noche de autos el acusado seguía los pasos de la víctima cuando caminaba hacia su casa, fueron fundamentales para estrechar el cerco sobre el homicida. Las latas de cerveza, después, sirvieron para confirmar las sospechas.


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