miércoles, 17 de diciembre de 2008

Los usuarios de la N-232 cuestionan las nuevas restricciones para el tramo hasta Navarra


Transportistas y trabajadores de GM recuerdan que las medidas no son una “solución válida” para los problemas de tráfico

En cuanto concluyan los trabajos de señalización, el eje destinado a enlazar directamente el norte y el este peninsular tendrá un límite de velocidad inferior al de una vía comarcal. Al menos, así sucederá entre el tramo de Mallén a Figueruelas a partir de las nuevas medidas aprobadas por la Comisión Autonómica de Seguridad Vial. Los usuarios han acogido las novedades con disparidad de opiniones, aunque casi todos recuerdan que no constituye una solución definitiva. Ayer mismo, los operarios comenzaron a colocar el reguero de señales que poblarán los 27 kilómetros del tramo. Cuando finalicen estas tareas, las restricciones serán mayores:no se podrá adelantar ni sobrepasar los 80 kilómetros por hora, los vehículos especiales y los tractores tendrán vetado el uso de la carretera y se eliminarán varios cruces a nivel peligrosos. Medidas de este calado no han dejado indiferente a los vecinos y trabajadores de la zona. Empleados de Opel o de sus empresas auxiliares, profesores y transportistas, entre otros muchos gremios, han de usar a diario la N-232. O bien optan simplemente por esquivarla ante la elevada peligrosidad que supone. “Yo evito esta carretera todo lo que puedo:si tengo que ir a Zaragoza, o tomo la autopista o voy por Gallur. Aunque veo bien estas medidas, ¿qué solucionan? ¿que haya un atasco hasta Pedrola?”, se preguntaba Luis Conde, que regenta un restaurante a la entrada del polígono Zafranar, en Mallén. Vicente Alonso es un trabajador gallurano de General Motors. “Si no hubiera vías alternativas, me parecería casi un logro. Pero con una autopista vacía al lado, es un querer y no poder”, resaltó. Alonso, también concejal nacionalista en Gallur, criticó las restricciones: “Si para evitar los robos aplicamos el toque de queda, pues habrá menos delitos, pero nos jugaríamos un poco el estado de derecho. No es una solución válida”. Ángel Sánchez, también empleado en la planta de Figueruelas, vecino de Borja y que suele tomar la carretera de Pozuelo, mostró una opinión diferente: “Yo lo veo bien. ¡Si ya no se puede ir a más de 80 por hora!”, manifestó. Entre los colectivos más afectados está el de agricultores y conductores de vehículos especiales. José Carlos Castañosa, vocal de la Asociación Nacional de Transportes Especiales, alertó del perjuicio que les causará obligarles a usar la autopista: “En el peaje de Vitoria, pagamos 1.200 euros por cada paso, y nos obligan a ir de noche. No sé a quién se le ha ocurrido esta brillante idea, pero perjudicará mucho al sector empresarial aragonés. La pieza no la venderá uno de Zaragoza, sino uno de Burgos”, lamentó. “Si no hay vía alternativa, no pueden hacer esto”. Dentro del gremio de la Educación, decenas de personas se desplazan a diario de la capital a las comarcas involucradas. Muchos de ellos, sin embargo, optan por ir en grupo y por autopista. Lo hacen “por seguridad”, como señala Inmaculada Quílez, profesora del colegio de Mallén. “Como medida complementaria, lo veo bien, pero no lo importante es la liberalización de la autopista”, advirtió. Desde esta misma localidad, Sebastián Cabrejas, que debe ir casi a diario por motivos de trabajo a Zaragoza, la considera una solución “inexplicable. Los últimos accidentes no se habrían evitado con esto”, recuerda. Por su parte, Rafael Juan, que trabaja en el restaurante situado en la salida a Luceni, está de acuerdo con que lo “correcto” es “pintar dos líneas continuas de principio a fin”.


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