Hoy se inaugura en el Museo de Zaragoza una exposición de casi 350 obras que rastrea el hondo legado del pintor aragonés.Reúne piezas de Klee, Picasso, Dalí, Manet, Munch, Rodin, Van Gogh, Bacon, Dix o Miró.
‘Goya y el mundo moderno’ es como un círculo perfecto: arranca con el retrato que Goya le realizó a Juan Martín de Goicoechea y se cierra con un inquietante Motherwell, ‘La muerte española’, de 1975. Son, en total, 345 obras, procedentes de 89 instituciones, museos y colecciones, que recorren la influencia del pintor aragonés en el arte de los siglos XIX y XX. Es, a un tiempo, una gran exposición de Goya, una gran muestra de arte contemporáneo y la confirmación de que en arte los genios abren caminos por los que, años más tarde, otros genios transitan y lo hacen con voz personal. Si ‘Goya e Italia’, la muestra anterior en el Museo de Zaragoza, tenía un punto complejo y abrumador, ‘Goya y el mundo moderno’ posee un discurso más claro y eficaz: con delicada contundencia revela cuán honda ha sido la huella del de Fuendetodos en el arte contemporáneo, en artistas tan alejados temporal, geográfica y estilísticamente como Gutiérrez Solana y Baselitz. “Nos hemos centrado en el Goya más moderno, más avanzado, más transgresor y, en torno a él, hemos articulado nuestro discurso”, aseguraba ayer Concha Lomba, que ha ejercido el comisariado de la muestra junto a Valeriano Bozal. Y éste añadía: “Buscábamos algo sencillo y complicado a un tiempo: mostrar los ámbitos artísticos que Goya ha abierto y que la pintura moderna ha desarrollado después”. La exposición se inaugura hoy y abrirá sus puertas al público a partir de mañana. Hasta el próximo 8 de marzo permite disfrutar de más de tres centenares de obras maestras y, sobre todo, ofrece un refrescante juego intelectual si se comparan unas piezas con otras. Según reconocieron ayer los propios comisarios, es una propuesta rara de ver en los circuitos nacionales e internacionales, aunque aquí todavía se recuerda la gran exposición que preparó en 1996 el pintor Antonio Saura, ‘Goya, realidad e imagen’, que tenía parecido espíritu. La obra de Goya, protagonista La muestra ocupa buena parte de las salas del Museo de Zaragoza y, nada más entrar en ella, el visitante es recibido por un impresionante conjunto de retratos realizados por Goya: Juan Martín de Goicoechea, Asensio Juliá, Jovellanos, la marquesa de Lazán, Josefa Bayeu... Y se continúa en la segunda sala, con un autorretrato, un retrato de Moratín, la sanguina del duque de Wellington, la litografía del impresor Gaulon... Junto a ellos se exhiben ya, constituyendo una de las grandes claves de la exposición, obras de otros autores, como Delacroix, del que se muestra un delicado autorretrato, Géricault, Füssli o David. “Pensamos que debíamos empezar la exposición con el retrato, que es uno de los grandes temas de Goya, no solo por la frecuencia con que lo practicó, sino porque en él era, por encima de todo, la expresión del sujeto retratado, que no se limitaba a ser un personaje sin más sino que tenía una expresividad propia -señala Valeriano Bozal-. Solo hay que mirar el óleo que Goya realizó a Jovellanos para ver que a quien estaba retratando no era el ministro, sino la persona. Quizá otros pintores de la época ya empezaban a trabajar así, pero desde luego no con la misma intensidad”. Tras ‘El trabajo del tiempo. Retratos’, el visitante se adentra en el segundo apartado de la muestra, que lleva por título ‘La vida de todos los días’. “En el siglo XIX uno de los temas pictóricos por excelencia fue la vida cotidiana -subraya Valeriano Bozal-, pero solía abordarse en muchos casos desde el pintoresquismo. Goya fue un poco más allá; de hecho, empezó a desarrollar una visión negativa, que entronca con lo que se ha llamado la ‘España negra”. También este apartado se abre con pinturas de Goya: ‘La letra con sangre entra’, ‘El albañil borracho’, ‘La tortura del dandy’, ‘Vuelo de brujas’, ‘La hoguera’, ‘El tío Paquete’, ‘Tres hombres cavando’... y, en lugar preferente, ‘La lechera de Burdeos’. Junto a ellas, algunos dibujos de Víctor Hugo, el Van Gogh ‘Campesina al lado del hogar’, obras de Alenza, Manet o Fortuny. En algunas piezas la influencia goyesca es manifiesta, como en unas ‘tizas’ de Kossof; y en otras más latente, pero reveladora, como en ‘Condenado por la Inquisición’ y ‘Aquelarre’, de Eugenio Lucas Velázquez. El tercer ámbito de la exposición, ‘Disparates’, se abre con la serie homónima de grabados de Goya. El mundo de lo desquiciado y la pesadilla del de Fuendetodos se exhibe en paralelo con piezas de Odilon Redon, James Ensor, Max Klinger, Edvard Munch, Georges Rouault y Félicien Rops, entre otros. “Los ‘Disparates’ hablan de algo que va mucho más allá de nuestras fronteras, y es lo que nosotros hemos querido poner de manifiesto -apunta Valeriano Bozal-. Da la sensación de que muchos artistas se dejaron influir por Goya en esto”. La guerra, todas las guerras De lo disparatado se pasa a ‘Lo grotesco’. Un ramillete de grabados y dibujos de Goya se ofrecen a los ojos del visitante junto a obras de Klee, Miró, Masson o Michaux, entre otros. “Hasta Goya, lo grotesco era algo divertido, casi humorístico; a partir de él, empezó a ser también algo trágico”, sostiene Bozal. Se muestran piezas impresionantes, como las ‘Máscaras bailando del brazo’, de Gutiérrez Solana. El visitante se adentra posteriormente en ‘La violencia’. “Si en el siglo XIX la visión que se tenía de Goya se centraba en lo pintoresco, en el siglo XXse abrió mucho más el campo de visión y se empezó a tratar con mucho interés su visión de la guerra o la violencia”. Este es, sin duda, uno de los apartados nucleares de la exposición, si no el más espectacular. Junto a obras del de Fuendetodos como “Caníbales contemplando cadáveres’ o ‘La oración en el huerto’, junto a la serie de los ‘Desastres’ o el óleo de ‘La degollación’, se exhibe el mejor arte contemporáneo que criticó las bestialidades de la guerra europea o la Guerra Civil española. Sobrecogedoras resultan las piezas de Géricault o Music, pero estremecen también las xilografías y grabados de Käthe Kollwitz, las obras de Picasso (espectacular ‘Mujer sentada en un sillón gris’) u Otto Dix. También hay piezas de George Grosz, Wifredo Lam, Salvador Dalí o Rodríguez Castelao. El último apartado, titulado ‘El grito’, encarna la explosión de la subjetividad. No hay ninguna obra original de Goya, pero el conjunto es un pequeño museo de arte contemporáneo, en el que los nombres lo dicen todo: Kirchner, Dubuffet, De Kooning, Bacon, Giacometti, Kline, Jorn, Appel, Kossoff, Motherwell, Rainer, Kitaj, Baselitz... Mención especial merece una sala en la que se ha puesto a dialogar la obra de Saura y la de Millares y que, por sí misma, justifica ya la visita a la exposición. La muestra cuenta con el patrocinio de Ibercaja y, según aseguraba ayer Concha Lomba, hasta los propios comisarios se han visto sorprendidos por la cantidad y calidad de la obra reunida. “En el fondo -aseguraba-, lo que hemos querido plantear también es una reflexión sobre lo que verdaderamente constituye el mundo moderno”. En su belleza y en su crudeza.
http://www.heraldo.es/index.php/mod.noticias/mem.detalle/idnoticia.33532/relcategoria.308
miércoles, 17 de diciembre de 2008
El influjo de Goya en el arte contemporáneo de todo el mundo, revelado y al desnudo
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario