Una encastada novillada puso en apuros a una terna a punto de tomar la alternativa. Solo Tendero lo vio claro
6 novillos de Javier Molina, desiguales de presentación, encastados, justos de fuerzas los tres primeros. Bravos quinto y sexto. Miguel Tendero, de fucsia y oro, ovación, y saludos tras dos avisos Román Pérez, de marino y oro, silencio, y silencio tras aviso Alejandro Esplá, de pavo y oro, silencio tras aviso, y palmas con aviso. Presidió Francisco Bentué, bien. Menos de un tercio de plaza en tarde lluviosa. zaragoza. Imagino que los tres novilleros habrán dormido mal. O peor que mal. Doloridos en el cuerpo y en el alma, que es peor. Muchas noches habrán soñado con clavar los pies en el suelo y gustarse tirando de novillos como los de ayer. Lo peor de todo esto es que los tres están muy próximos a tomar la alternativa y, de no ponerse las pilas, van a engrosar las filas del paro. La novillada de Javier Molina no se comió a nadie. Demasiado bien se comportó después haber sido lidiada con infamia. Los seis. Mal está que el director de lidia pase de colocarse en su sitio y que sus compañeros deambulen por la plaza como vendedores de pipas; pero peor está que los banderilleros se hinchen de dar capotazos inútiles y a destiempo. Cualquier tercio vale. Ninguno de los matadores puso a los novillos en suerte. Los tres los metieron debajo de los petos sin dejárnoslos ver. Ninguno realizó un quite. Ni eso. Funcionarios. La novillada, muy desigual, tuvo hechuras. Alguno se podría haber lidiado tranquilamente en Huesca. Otro, el segundo fue un toro en miniatura de los que cuelgan de los llaveros. Encastados, mansitos para el caballo los primeros y bravitos de condición los dos últimos. El quinto, cuajado, derribó con estrépito y el sexto, bajito de cruz, se estrelló de salida contra el burladero de la primera suerte. Con todo ello, merecieron mejor trato, mejores lidias. Solo el tercero, desagradable y áspero, llegó defendiéndose a la muleta frágil de Esplá. Miguel Tendero está hecho. Cuajadito de novillero. Lucirá más con el cuatreño. Lanceó con las manos muy bajas al cuarto y remató con dos medias de cartel. Al manso primero lo ahogó. Se puso muy cerca y el animal le dijo que no. Su segundo humilló de salida. Pronto en banderillas, tuvo ritmo y galope franco. Con él, Tendero estuvo sereno, con cabeza. Le dio sitio. Respiró. Lo dejó ver y le mostró el camino del temple. Un par de series con la derecha fueron al ralentí. Largas. Profundas. Con la zurda le bajó la mano y el toro, nobilísimo, se la tragó. Un par de enganchones y la pérdida de la distancia, emborronó la faena. Con una estocada suelta, se empeñó en no descabellar y le sonaron dos avisos. Román Pérez, francés de nacimiento, es muy vulgar. Destorea. Parece tener prisa para todo. Con el 'llaverito' segundo ni se enteró. Nos dejó sordos. El toro tampoco lo entendió. Al quinto, más de lo mismo. Despegado, sin sitio, al hilo del pitón no despertó ni un olé ni un ay. Sí, entre toro y torero cabía un par de riñas de perros. Lo de mandar y obligar no va con él. Alejandro Esplá se parece a su padre en el apellido y en la manera de vestir. Tiene plaza y lo vende. Su primero no le dejó colocarse y le pegó un volteretón de aúpa. Con el de la jota bailó a ritmo de ella y se hartó de pegar tirones en series muy cortas. Fuera de cacho acabó ahogando al novillo que murió desesperado. Como la mayoría de los pacientes aficionados que acabaron mirando el reloj y deseando que, en vista de lo sucedido, alguno pidiera el sobrero. Ver para creer.
http://www.heraldo.es/noticias/sociedad/murieron_con_las_orejas_puestas.html
lunes, 11 de mayo de 2009
Murieron con las orejas puestas
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