El Huesca saca un valioso empate en casa que le ofrece la posibilidad de firmar la permanencia el sábado en Vitoria.
Más allá del punto, que es muy bueno, lo mejor que dejó la tarde de ayer fue la reedición de ese cariño tan grande que hay entre el Huesca y su gente. El derbi y sus elucubraciones viven ya de la miseria del olvido. Mandan las emociones y manda el presente. Y el del equipo azulgrana es magnífico, porque acaricia la permanencia con una mano y cuatro dedos de la otra, porque ayer empató contra el Hércules. Además el Alavés perdió, así que dentro de seis días, en Vitoria, puede llegar el broche de campanillas. Al punto hay que concederle más valor aún por las ausencias que tenía el Huesca: Sastre, Helguera y Roberto. Medio corazón inutilizado. La dirección, el respaldo y la definición. Rubén tuvo que jugar de nuevo en soledad. Y no disfruta igual porque tiene que meterse en barros que no le van. Tener que batirse en el cuerpo a cuerpo le mata. Luego va a chutar y le falta resuello. Sin aliento, el balón no va entre los tres palos. La recomposición de Calderón incluyó a Borrego en la medular con Jonan y la pareja no funcionó nada mal. Fue una primera parte picada, de medición de fuerzas y arreones puntuales. El Hércules imponía respeto. Cuando el Huesca tenía la pelota no le quemaba, quería ser descarado. Y así logró acercarse en dos o tres acciones con cierto peligro. Los alicantinos tampoco eludieron la meta de Eduardo, que sigue estando a una altura impecable. El espectáculo se vino arriba después de la merienda. Mandiá empezó a meter delanteros en el campo sin sacar a los que había. Porsu parte, Antonio Calderón leyó bien el encuentro. Cuanto más arsenal incorporaba el Hércules, más revoltosos llenos de frescura metía. Vegar salió para enredar por detrás de Rubén y rescatar al canario de la luna; Jokin, para dar electricidad al ataque, y Ripa, para resultar insidioso por la izquierda. Fueron los mejores minutos del partido porque en treinta segundos podía haber gol en cualquier portería. El azote alicantino vino sobre todo con los córners que lanzaban. La gente empezó a disfrutar por la sucesión de amenazas. A medida que pasaban los minutos, la desesperación del Hércules era mayor. Ahí entraba en juego la respuesta oscense. Cabía la combinación certera, la progresión de Robert por el lateral derecho y el balón largo de Borrego buscando a Rubén Castro con metros, argumentos suficientes para mantener la tensión del combate. No era un encuentro para terminar sin goles. Al Huesca le sobró arrojo para frenar el ansia de ascenso de un equipo de muchos millones en sus nóminas. La temporada se está haciendo larga, pero disfrutar de su final feliz no tiene precio.
http://www.heraldo.es/noticias/deportes/a_rectificar_racha.html
lunes, 25 de mayo de 2009
Un punto de moral
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