lunes, 18 de mayo de 2009

Un premio a la fe


Vicente Pascual, una de las más firmes promesas de la cantera desde hace un lustro, pensó en agosto que su carrera podía acabarse al sufrir la tercera lesión en su rodilla izquierda.

Vicente Pascual encarna en su enjuta figura el tesón frente a las adversidades más crueles. La lucha contra la desgracia más reiterada. La fe en sus fuerzas cuando el destino ha sido pertinaz en querer hacer que este joven zaragozano descarrilase en su prometedora carrera futbolística. El gol que anotó el sábado frente al Celta puede marcar un antes y un después en su trayectoria como jugador. Fue su debut goleador con el primer equipo pero, por encima de todo, significó el premio a la constancia para sobreponerse a las malditas lesiones de rodilla que le han acosado vorazmente desde hace tres años.   Tres operaciones en la rodilla derecha en menos de 30 meses no han podido con él ni con su ánimo. Con solo 22 años, lleva desde los 19 batiéndose a muerte con el destino. Sabiendo que es una de las más firmes promesas de la cantera aragonesa, pero con el resquemor permanente de no poder dar el salto a la elite por culpa de sus malditos ligamentos cruzados en esa articulación envenenada. "He pasado por momentos muy difíciles. Los últimos meses han sido muy complicados después de la tercera operación en la misma rodilla", reconocía ayer Vicente en la sala de prensa de la Ciudad Deportiva.   El año pasado llegó a debutar en Primera en la recta final del campeonato, de la mano de Villanova, en el duelo frente al Recreativo en La Romareda. Los técnicos de la casa valoraban a Vicente como el jugador "más hecho" del B. Por eso fue uno de los que marchó a Soria y a Lugo para hacer toda la pretemporada con Marcelino el pasado verano. Dio un buen tono ante en los amistosos con el Mirandés, Villarreal, Pontevedra, Ferrol, Sporting de Gijón...   Era uno más, pero el 14 de agosto, en la Ciudad Deportiva, nada más volver de Galicia, sufrió la tercera lesión en su rodilla. Un "episodio de inestabilidad en la torsión y flexión" de la articulación, según dijeron los médicos aquel día. "Esa tarde de agosto, al ser todo de nuevo en la misma rodilla que ya me había tenido parado dos veces durante tantos meses, llegué a pensar que mi carrera futbolística se podía acabar.   Intenté esquivar el quirófano durante dos meses, pero en diciembre no me quedó más remedio que ir por tercera vez a la mesa de operaciones. Todo se puso negro. Mi continuidad en el fútbol estaba entonces muy complicada. No me quedaba otra opción que volver a empezar una nueva recuperación y esperar. Ha habido días muy duros en los últimos siete meses. Pero, una vez más, he podido salir adelante y ahora estoy viviendo un momento muy feliz", recordó ayer Vicente con cierto aire de orgullo.   Por sus antecedentes personales, el gol del sábado al Celta tiene un valor superlativo para el delantero aragonés. Muy por encima del que supone siempre el primer tanto de cualquier debutante. "Sobre todo agradezco a mi familia el apoyo que he recibido de ellos en los dos últimos años y medio llenos de lesiones graves. A mis padres y a mis hermanas. También mis amigos han estado siempre ahí, a mi lado, ayudándome. No puedo olvidarme tampoco de mis compañeros y de mucha gente anónima que, por la calle, no ha parado de darme ánimos", aseveró. Un gol inolvidable El tanto que anotó en el minuto 87 y que fue el 3-0 definitivo lo tendrá en la mente toda su vida. El pase al hueco de Generelo, su control orientado y su remate raso que, tras dar en el palo, llegó al fondo de la red. "Estoy muy contento. Primero, por el hecho de haber logrado la victoria. Y después, por haber conseguido ese gol. Tenía desde el año pasado una espinita clavada desde el día que debuté en Primera y me expulsaron. Este tanto se lo dedico a toda la afición, que siempre me ha dado muestras de apoyo cuando lo he pasado mal", recordó.   "Cuando marcas un gol así no se piensa en absolutamente nada. Es una alegría inmensa, una experiencia muy bonita de vivir. En un primer momento, es como si no te lo creyeses. Algo inolvidable", prosiguió narrando Vicente con los ojos denotando emoción.   El joven Pascual pasó a continuación a ubicar en el tiempo la vivencia que está disfrutando en las últimas semanas. Con los pies en el suelo. "La confianza que me ha dado Marcelino es algo fundamental. El hecho de poder salir al campo y contribuir con mi juego en el primer equipo me ha hecho coger mayor confianza en mí mismo. Si alguna otra vez tengo que volver a participar, espero seguir aportando cosas importantes", dijo. "Por todo lo que me ha pasado, estoy acostumbrado a entrenarme duro. Por eso, el poder hacerlo con la primera plantilla del Real Zaragoza, es para mí un aliciente único. Estoy aprendiendo una barbaridad entre ellos. El simple hecho de compartir entrenamientos con ellos me anima a seguir luchando por llegar un día a ser uno más en el equipo", continuó destilando sus sentimientos a corazón abierto.   Vicente sueña con que esto sea, por fin, el principio de algo bonito en su carrera como futbolista. "Cuando te dan la oportunidad de estar arriba, hay que aprovecharla. En verano, cuando hice la pretemporada con Marcelino, la lesión me rompió las ilusiones. Ojalá ahora todo empiece a salir bien", concluyó.

http://www.heraldo.es/noticias/deportes/un_premio_fe.html

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