viernes, 29 de mayo de 2009

Los cirilos cumplen 25 años


No hay premio más deseado entre los corresponsales y enviados especiales de medios españoles en el extranjero que el Cirilo Rodríguez, que convoca la Asociación de la Prensa de Segovia desde hace 25 años en memoria del periodista de mismo nombre, que fue corresponsal de Radio Nacional de España en Nueva York.

No hay premio más deseado entre los corresponsales y enviados especiales de medios españoles en el extranjero que el Cirilo Rodríguez, que convoca la Asociación de la Prensa de Segovia desde hace 25 años en memoria del periodista de mismo nombre, que fue corresponsal de Radio Nacional de España en Nueva York. Este premio es el Champions League del periodismo español. Un jurado tan amplio que es imposible manipularlo se reúne dos veces en los meses de abril y mayo en Segovia: en la primera selecciona una terna de tres candidatos de todas las propuestas recibidas y en la segunda, que coincide con el día de la entrega del premio, se elige al ganador del año. Son miembros del jurado los presidentes de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) y de la Asociación de la Prensa de Segovia, así como el director de Radio Segovia, Luis Antonio Hernández, emisora donde Cirilo Rodríguez comenzó la carrera. También participan responsables de informativos o jefes de redacción de los principales diarios (El País, El Mundo, ABC, Público, etc), radios (Punto Radio, Radio Nacional, SER, Onda Cero, COPE, etc), televisiones (TVE, CNN +, etc), la agencia EFE. Y forman parte del jurado el ganador o ganadora del año anterior además de Pedro Altares, Felipe Sahagún, Tomás Alcoverro y Ramón Lobo. Como anécdota contaré que en los años de las batallas campales entre las plataformas televisivas (pactos millonarios y enemigos fumando la pipa de la paz en restaurantes de lujo pusieron fin a la guerra que tanto daño hizo a esta profesión) acudieron los máximos jefazos y se produjeron algunas situaciones de alta tensión durante las deliberaciones. Pero los responsables segovianos impidieron que el premio quedase embarrancado en la podredumbre. Como en el periodismo existe la estúpida idea de que si perteneces a un medio tienes que formar parte de un grupo mediático determinado (y por ello tienes que guardar pleitesía a las esencias grupales), quiero aclarar que existen suficientes anécdotas que demuestran la rigurosidad y la falta de tendencia de los miembros del jurado. El alejamiento del mundanal ruido de la capital del reino permite ejercer la labor de selección con menos presión y más sabiduría. Doy fe de que el candidato de un medio ha perdido por culpa del voto del jurado de su medio que ha decidido apostar por el candidato de la competencia. Doy fe de que algunos ganadores se han impuesto contra la voluntad de sus propios medios. Porque la envidia y la mala leche presiden la vida cotidiana de demasiadas redacciones. Algunos ganadores han tenido que esperar años para ganarlo. Cuando eran jóvenes no pasaron de las primeras votaciones. Luego quedaron semifinalistas. Y al final entraron en la terna final. Hasta que lo consiguieron. Algunos no lo ganaron por un solo voto de diferencia. Otros ya no la ganarán porque murieron de enfermedades o en fuegos cruzados. Sé que faltan corresponsales o enviados especiales imprescindibles con currículos impresionantes. Pero lo que tengo muy claro es que si a la lista de ganadores añadimos los finalistas de cada año nos encontramos ante la maravillosa redacción que cualquier director quisiera si su fin fuese crear un diario de referencia, una radio más crítica o una televisión más rigurosa. La edad ideal para ganarlo es pasados los 40 años aunque algunos lo han ganado siendo más jóvenes. No es un premio para principiantes. Las bases hablan del mejor trabajo del año pero el Cirilo suele premiar trayectorias. Algunos de los premiados de las últimas convocatorias ya habían cumplido los sesenta. Uno de los candidatos de este año tiene 66 años. Empezó su carrera cuando este cronista iba con pantalones cortos al colegio. Aunque la mayoría son plumillas de diarios o agencias, también hay cronistas de radio, reporteros y cámaras de televisión y algún que otro fotógrafo entre los premiados y finalistas. Algunos son corresponsales permanentes que ha paseado su exquisito olfato por media docena de corresponsalías. Otros son enviados especiales que viajan al extranjero con el objetivo de cumplir una misión periodística. Pocos han cubierto guerras y desastres. Unos han abarcado amplias zonas y largos periodos de tiempo y se han topado con algún conflicto armado. Pero la mayoría se han dedicado a analizar las contradicciones sociales y económicas de países que no eran el suyo y han realizado magníficas crónicas de situaciones cotidianas y soporíferas. El ensayista Furio Colombo escribió en un magnífico libro titulado “Últimas noticias del periodismo” que “los periodistas viajan en pack”, expresión inglesa de manada, “creando “una Disneylandia de las noticias en las que ritmo, vivacidad, sentido del suspense, golpes de efecto, acento dramático, conmoción e indignación, y cambio continuo de los personajes pertenecen cada vez más al mundo del espectáculo, después de renunciar a una mirada autónoma sobre lo que sucede a su alrededor”. Creo que los Cirilos Rodríguez, encabezados por el primer premiado en 1984, el maestro Manu Leguineche, al que este año vamos a convertir en el Cirilo de Oro o el Gran Cirilo, han huido de la contundente y sarcástica interpretación de Colombo. En cambio, muchos de ellos se han acercado a las cualidades necesarias para ejercer el periodismo con mayúsculas, según el polaco Ryszard Kapuscinski: hay que ser “indeseable, inoportuno y certero en su impertinencia”. Cualidades por cierto odiadas por los detentadores del poder político, económico y mediático.

http://www.heraldo.es/noticias/comunicacion/los_cirilos_cumplen_anos.html

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