lunes, 27 de abril de 2009

Un Santacoloma de vuelta al ruedo y muy poco más


El sexto toro, de nombre Cacerolito, fue merecedor de la vuelta al ruedo y recibió el trofeo al más bravo de la corrida concurso

Menos de un tercio de entrada en tarde fría y amenazante de lluvia. zaragoza. Bravo toro en todos los tercios. El sexto de Ana Romero. Y el de prieto de la Cal, hasta los palos. Y el de Alcurrucén, hasta la muleta. El resto fue perder el tiempo en el caballo y en las lidias, malas, por cierto. Por mucho que se empeñen los cuatro del cuatro, la bravura no se mide solo en el caballo. No. El toro bravo tiene su tiempo y su duración en todos los tercios. El toro bravo debe desarrollar todos los condicionantes para el indulto, que es de lo que se trata en una concurso. El sexto de ayer, de nombre Cacerolito, pudo ser de indulto haciéndole las cosas de otra manera. Un toro que acude cuatro veces a galope al caballo, que mete los riñones, empuja con la cabeza abajo, que es pronto en banderillas, que hace el avión por los dos pitones cuando se le baja la mano, que tiene nobleza, fijeza, transmisión, duración y que muere con la boca cerrada sin decir un ay, ese toro es de indulto. Si este toro cae en las manos de un torero del gusto de los del cuatro, el usía hubiera sacado el pañuelo naranja sin la menor duda. No fue así. Alberto Álvarez estuvo sensacional con él. Lo entendió, lo midió, lo cuidó y se sintió en una faena corta pero intensa. Emotiva. De las que llegan. El pero, no caer en gracia de unos cuantos. Alberto Álvarez luchó por el triunfo. Se metió de lleno en la concurso dejando ver la condición de sus dos toros. Aprovechó el único momento de hacer un quite por delantales al sexto y realizó toda la faena en un palmo de terreno en el centro del ruedo. Mató mal. Muy mal, pero no es el caso. Como tampoco es negar que se jugó los muslos con el traicionero de José Escolar que le puso los pitones en el pecho. Millán no acabó de entenderse con un bonito ejemplar de Partido de Resina que se dejó pegar y fue al jaco con alegría. Esperó en palos y jamás humilló. Con el de Alcurrucén, un tío colorado con dos perchas se dobló, se colocó bien en la primera tanda con la mano derecha, pero no se confió. Se puso en la corta distancia a sabiendas de que el toro pedía firmeza, pero no se dio coba. Ricardo Torres no está para estas lides. Los concursos no son lo suyo. Su primero, de Prieto de la Cal, bravo en el caballo, con un bonito tranco en palos, le pidió sitio y bajarle la mano. No lo hizo. Le pegó tirones y le cortó el viaje. Se perdió. Con el revoltoso de Fuente Ymbro, suelto y escarbador, evidenció las carencias del que torea poco. Predispuesto y con la tarde venida a menos, emborronó algún natural suelto con el mal manejo de la espada. El premio Demebesa al mejor picador fue para Juan Manuel Sangüesa en el sexto. El mejor lidiador, desierto; y el toro más bravo fue para el de Ana Romero. Un toro de Partido de Resina, parado, 1 de Prieto de la Cal, bravo, 1 de José Escolar, reservón, 1 de Alcurrucén, bravo ;1 de Fuente Ymbro, mansón, 1 de Ana Romero, bravo de vuelta al ruedo. Jesús Millán, de purísima y oro, silencio y silencio tras aviso. Ricardo Torres, de grana y oro, silencio tras aviso en los dos. Alberto Álvarez, de noche y oro, silencio y palmas tras aviso. Presidió Manuel Pasamontes, bien.


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