Con el 68% de aprobación por los ciudadanos, Barack Obama es el presidente más popular desde Kennedy.
Hace un año Estados Unidos miraba con desconfianza a un joven senador de Illinois que se abría paso con el eslogan del cambio. Algunos veían en su optimismo promesas vagas y falta de experiencia. Cien días después de concluir su "viaje improbable" hasta la Casa Blanca, la esperanza ha prendido. Los números avalan hoy las comparaciones que antes podían parecer gratuitas. Con un 68% de aprobación en la encuesta del 'The New York Times', Barack Obama es el presidente más popular desde Kennedy. Bajo su optimismo sereno los estadounidenses han recuperado la sensación de que su país va por buen camino, algo que las encuestas de Associated Press no registraban desde que Sadam Hussein fuese capturado en 2004. Si en octubre pasado el baremo cayó hasta un deprimente 17%, cuando Obama demostró el 4 de noviembre que "todo es posible en América" repuntó hasta el 36%, y la semana pasada alcanzaba el 48%. La luna de miel continúa. Y no sólo para el ejército de 1.2 millones de voluntarios que le ayudó a ganar las elecciones con fe ciega. Julie Kennedy era parte de ese movimiento de bases. En febrero del año pasado El Correo la entrevistó bajo el frío y la lluvia en la plaza de Union Square, donde intentaba convencer a los neoyorquinos para que votaran por Obama en las primarias. Su candidato perdió frente a Hillary Clinton. Entonces no hubiera podido ni imaginarse que la exprimera dama pudiera jugar en el equipo contrario. Su fichaje como secretaria de Estado es una de las cosas que le han enseñado a darle tiempo para entender sus jugadas. "Confío en su instinto", proclama. "Es como un jugador de ajedrez, siempre está mirando tres pasos más adelante. No necesito estar de acuerdo con todo lo que hace, pero necesito creer en él". A sus 36 años, Julie trabaja para una consultoría internacional que ayuda a las empresas de países en desarollo. Joven, guapa y triunfadora, no le importó guardar la 'blackberry' en el bolso y salir a la calle a pasar frío para trabajar por una causa en la que creía. Se colocó en la primera fila de un ejército de 13 millones de emails que supone la mejor herramienta de movilización política que ha habido. En estos tres meses Obama la ha activado para presionar a los congresistas que deben aprobar sus primeros presupuestos. Al menos dos millones de personas se sintieron suficientemente motivadas como para donar dinero en efectivo durante su campaña, así que es de esperar que atiendan sus llamados. Socializando Obama nunca tendrá el apoyo de los conservadores que le acusan de estar "socializando" al país, pero tampoco el de la izquierda más progresista a la que no ha incluido en su gobierno. Howard Brandstein, un organizador comunitario de 56 años, niega estar decepcionado con el presidente más popular del último medio siglo. "No estoy decepcionado porque nunca esperé mucho de él", dice sin acrimonia. "Está continuando la política de Bush de echar millones de dólares al water para alimentar a los bancos, expandiendo la guerra en Pakistán, donde los aviones sin piloto asesinan a civiles y provocan la huida de miles de personas ". Su lista sigue. Tampoco Julie está contenta con la decisión de "mantener bases en Iraq durante cinco o diez años". Acepta que haya tenido que "recalcular" muchas de sus posiciones al llegar a la Casa Blanca, "porque claramente hablaba de cosas de las que no tenía toda la información, y luego no han resultado ser tan fáciles", pero está dispuesta a "discrepar enérgicamente" con lo que considera una decisión estratégica de mantener la presencia de EE. UU. en la zona a largo plazo. Iraq es uno de los temas en los que la fe de los estadounidenses en Obama toca techo. El 45% no cree que vaya a terminar con la presencia militar de EEUU en Iraq durante su primer mandato, como el 53% no espera cambios significativos en la política energética que para muchos provocó la guerra, ni el 48% cree que pueda cambiar el sistema de salud que arruina con más frecuencia a las familias estadounidenses. San Obama tiene sus límites. Porque lo verdaderamente revolucionario de él no son sus políticas, sino su carácter conciliador y su personalistá de acuerdo. Cuestión de estilo.
http://www.heraldo.es/noticias/internacional/cien_dias_esperanza.html
miércoles, 29 de abril de 2009
Cien días de esperanza
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