lunes, 19 de enero de 2009

Un equipo desvanecido


Desde hace dos meses, el Real Zaragoza, lejos de progresar en su juego, ha experimentado un preocupante retroceso generalizado.

El Real Zaragoza lleva 50 días atrancado. Casi dos meses de nebulosa colectiva y de desvanecimiento individualizado en la inmensa mayoría de sus componentes, incluido el cuadro técnico. Ahí se han concentrado el pinchazo en La Romareda en el derbi ante el Huesca, salvando una derrota hecha en los último minutos; el batacazo terrible de Vigo; la supravalorada victoria ante el debilísimo Alicante en un feo y desganado partido; el decepcionante empate en Albacete en un choque donde se debió golear a un rival muy inferior; el afortunado triunfo en casa ante el Salamanca en un grumoso choque que se sacó adelante al final con fortuna; y, claro, el golpe bajo del sábado en Córdoba, donde el Zaragoza tocó fondo en su peor imagen del curso. La curva descendente parte tras una fecha concreta: el 30 de noviembre. Ese día, en Tenerife, el Zaragoza ganó 1-2 en un buen partido, el triunfo con más peso específico fuera de casa en lo que va de curso. Pero allí se paró en seco la lenta e irregular progresión que el cuadro zaragocista iba manifestando desde su improvisado y destartalado comienzo de liga. En el ámbito individual, se pudo empezar a constatar que el apagón del poderío goleador de Oliveira no es algo casual o fugaz. 7 de sus 8 goles vienen del inicio liguero y su eclipse anotador es una de las claves que coinciden con el bajonazo global del equipo en estas últimas seis semanas. El interés manifestado por el Real Madrid para ficharle tras la lesión de Van Nistelrooy le descentró y ya no ha habido manera de ubicarlo en la sintonía adecuada para que sea el de principio de temporada. Jorge López es otro elemento diferencial del plantel que se ha venido abajo por completo. Nada hay actualmente de aquel hombre que, por las dos bandas y hasta por el centro, fue dejando perlas de calidad que, hicieron pensar que se trataba de una pieza de alta gama para esta categoría. Caffa es otro eslabón perdido. Aunque nunca fue regular en su aportación sí que, saliendo desde el banquillo, marcó tres goles y corrió la banda zurda con rasmia haciéndose un hueco como revulsivo (marcó hasta 3 goles). Hace días que su valor como extremo o interior ha sufrido una devaluación harto preocupante. Con Arizmendi sucede algo parecido. Fijo para Marcelino desde el inicio por la banda diestra, ha pasado de dar -con cuentagotas, eso sí- detalles que incitaban al optimismo, dos goles incluidos, a ser defenestrado varios partidos por aclamación popular. Y qué decir de Antonio Hidalgo. El catalán ha pasado por todos los estadios: fijo, fijo discontinuo, suplente con aportación en todos los partidos y, últimamente, desaparecido en combate. El 'especialista' que vino con vitola de líder tras su gran temporada el año pasado en Málaga, es ahora el jugador 19 o 20 de la plantilla y aún no se ha estrenado como goleador, una de sus virtudes pretéritas. Gabi, que tras sus lesiones creció en varios partidos e, incluso logrando dos goles, se convirtió en el mejor de los medios centros, ha vuelto a las andadas del año pasado y se mueve en una línea de mediocridad mala para el equipo. Zapater es otra pieza extraviada para la causa. Quien durante muchos encuentros fue el sostén defensivo de la medular y, hacia arriba, vital en varias victorias (como ante el Murcia) ha sido mandado a la nevera por Marcelino en busca de un renacer moral y mental del ejeano, hipersensible a las dificultades y baches que la temporada está trayendo al equipo en la dura y extraña Segunda División. Ni Pavón ni Pulido, aparcados por lesión, han ido hacia arriba en sus aportaciones. Paredes y Pignol se mueven en la mediocridad todo el año. Songo'o y Generelo, tras no contar casi nada, ahora surgen con más corazón que cabeza -y sin ningún éxito- para intentar ser la savia nueva del equipo. Solo López Vallejo, Ayala -levemente-, Ewerthon y el filial Goni están manteniendo el tipo en estos tiempos de marcha atrás en el rendimiento general del grupo. Sin espíritu colectivo Colectivamente, casi nada queda de aquel equipo que, en los primeros dos meses y aun con sus defectos, era espumoso y letal en los inicios de los partidos. Tanto que, varias veces, logró ponerse enseguida en ventaja (incluso con dos goles como ante la Real, Elche Alavés o Sevilla B). Ahora el Zaragoza es un equipo diésel, pesado, al que le cuesta marcar goles. Sufre para abrir las defensas contrarias y no cierra bien las ventajas cuando las tiene. Es un equipo anquilosado, sin alegría. A veces, parece haberse perdido el interés por aplicar el sistema que predica Marcelino, que se desespera en la banda cada día más. Incluso las añoradas bandas, que al principio dieron sus frutos por goteo, ahora se han obturado y son una nulidad ofensiva. Desde Tenerife, se han sumado 8 puntos de 18 posibles. El 'efecto espejismo' de la clasificación no puede esconder tanto retroceso.


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