El CAI vuelve a la LEB tras ser el peor equipo de la ACB por deméritos propios. Todo comenzó con los errores al confeccionar el grupo. Parches letales Los cambios de técnico y jugadores 'remataron' el proyecto.
Un año justo es lo que el CAI Zaragoza ha permanecido en la ACB y esos 365 días han supuesto un 'annus horribilis' que se cerró el sábado con la confirmación del descenso a la LEB. Una vuelta al infierno totalmente justa, puesto que los aragoneses han sido el peor conjunto de la categoría y no fueron capaces de derrotar a sus rivales directos por la permanencia al abrigo de su afición. El doloroso desenlace ya ha empezado a tener sus consecuencias, pero conviene analizar sus causas para que no vuelvan a repetirse por el bien del baloncesto de la ciudad. Todo arrancó con una mala planificación de la plantilla que debía pelear en la elite, especialmente en la elección de los extracomunitarios y al mantener demasiadas piezas de la campaña anterior, y los equivocados cambios tanto de técnico como de jugadores terminaron por 'matar' al CAI. Así fue el 'annus horribilis'. 1. Problemas y errores al hacer el equipo. El CAI se plantó en la ACB sin jugadores españoles y eso obligaba a contratar a cuatro seleccionables para cumplir el cupo. Eso condicionó la confección de la plantilla, pero no fue lo único que lo hizo. El hecho de mantener demasiados jugadores de la temporada anterior en puestos importantes también afectaba en los fichajes. El tándem Alberto García Chápuli-Curro Segura no estuvo fino en la elección de los extracomunitarios, al hacerse con un base demasiado joven e inexperto (Taurean Green), en lugar de un primer base de garantías, y un pívot veterano, de vuelta de todo y cuyo juego se centraba casi exclusivamente en tirar de tres (Larry Lewis). Además, el rendimiento de nacionales como Sergio Pérez, Garcés o Guerra, que eran de lo poco a lo que se podía aspirar en el mercado, no ha sido ni mucho menos el esperado. Errores que luego se han pagado muy caros. 2. El arranque 'engañó' a todos. Lo peor que le puede ocurrir a un equipo 'justito' es lograr buenos resultados de inicio. Así, una gran Supercopa, plantando cara a los grandes, y los cuatro triunfos en las ocho primeras jornadas resultaron nefastos a la larga. El grupo creyó que podía aspirar a más que la permanencia, la afición se volvió exigente y se perdió de vista el verdadero objetivo. Los rivales aún no estaban rodados y un CAI, con muchas carencias ocultas, en el que solo Quinteros y Lewis tiraban del carro y un calendario bastante favorable, cayó en el error de confiarse. Y así le fue. 3. Un bache en el que se perdió la paciencia. Cuando los rojillos fueron acumulando derrotas consecutivas las luces de alarma se fueron encendiendo. El equipo había perdido fuelle, pero los adversarios eran de entidad. El granadino Curro Segura estaba con la soga al cuello, pero logró, tras siete fiascos seguidos, la victoria más necesaria en la pista del Cajasol. Pero para entonces la paciencia ya se había agotado entre los consejeros y, sobre todo, en la grada. Así, y de manera sorprendente y casi injusta se podría decir, la directiva aprovechó los gritos de la afición en contra del técnico en el siguiente partido en casa y lo destituyó. 4. La peor decisión de Reynaldo: elegir a Angulo. Había que encontrar al entrenador que salvara al CAI, aunque el equipo no había pisado en todo el año los puestos de descenso. Ese momento fue crucial. Mientras el director general quería un técnico con experiencia, e incluso se establecieron contactos con Pepu Hernández, el presidente Reynaldo Benito prefirió 'ahorrarse' ese fichaje y apostar por un hombre de la casa, el inexperto Alberto Angulo. Su falta de horas en un banquillo y su condición de amigo de algunos de los jugadores no hacía demasiado recomendable su incorporación al primer equipo. Sin embargo, el máximo mandatario de la entidad se enrocó en su decisión y su equivocación quedó patente con el paso de las jornadas, en las que las derrotas bochornosas hacían albergar pocas esperanzas hasta que se venció en canchas como Manresa o Granada. 5. No quiso refuerzos hasta que le vio las orejas al lobo. Nada más llegar al puesto Alberto Angulo solo pidió la vuelta del cedido Colom (a quien apenas ha utilizado). Nada más. Confiaba en lo que tenía, insistió en darle los galones de primer base a Green y no solicitó algún refuerzo interior hasta que no le vio las orejas al lobo y había acumulado tropiezo tras tropiezo. Zizic ya estaba y hacía falta un cinco nato así que se cortó a Lewis y se contrató a Loren Woods. Ese fue el momento de la mejoría. Con el pívot la forma de juego varió, mejoró y la salvación parecía en el bolsillo. 6. Demasiadas ocasiones perdidas en casa. El CAI lo tenía en su mano, pero nuevamente cometió el error más grave que se puede cometer en una liga como la ACB, la relajación. Con uno o dos triunfos se podía permanecer en la categoría y se tenía que recibir a rivales directos en el Príncipe Felipe. Pero la cancha zaragozana parece gafe y los rojillos sucumbieron semana tras semana ante Bruesa, Cajasol, iurbentia Bilbao y CB Murcia en la jornada decisiva. Fueron demasiadas oportunidades perdidas con todo a favor. Y no solo eso, sino que a domicilio el equipo era incapaz de tutear a los grandes. Salvo a un DKV Joventut al que se tuvo a tiro. Otra posibilidad que se escapó, por lo menos de ser penúltimo y de esperar lo que ocurriera con el caso Obradoiro. Además, en Vitoria se lesionó Quinteros y el panorama cada vez pintaba más negro. 7. El CAI juega con fuego y se quema en un final indigno. Cada vez con menos opciones de salvación. Pasaban los partidos sin amarrar uno solo y el conjunto aragonés se plantó en la última jornada. Es verdad que con un solo triunfo se alcanzaba el objetivo, pero era tentar demasiado a la suerte. Se volvió a jugar con fuego y el CAI se quemó. La opción de recuperar a Paolo para el trascendental duelo fue aumentando y en ese momento Angulo volvió a equivocarse al darle la baja a Zizic. Innovar de cara a una cita tan vital no suele ser sinónimo de éxito. La ansiedad pudo con los locales y el descenso se consumó en casa, ante un débil Murcia y con una polémica arbitral final que nunca tuvo que existir, ya que el cuadro zaragozano debió asegurar la permanencia mucho tiempo antes, muchas semanas antes en una ACB más barata que nunca. Pero todos esos errores del pasado castigaron a sus responsables y a la afición rojilla. 8. Las primeras consecuencias del descenso. Justo un año después de que la alegría invadiera el pabellón por el ascenso, el sábado los rostros eran serios, llorosos, y en lugar de declaraciones de júbilo las comparecencias ante la prensa eran para constatar las primeras consecuencias del fracaso absoluto de la temporada. El director general de la entidad, Alberto García Chápuli, decidía dejar el club tras cuatro años en él. Mientras, el presidente Reynaldo Benito se veía obligado a poner su cargo a disposición del Consejo de Administración y de los accionistas, aunque no se cerraba la puerta de la continuidad. Por su parte, el técnico Alberto Angulo esperará a las decisiones que se tomen entre los dirigentes para conocer su futuro. Y la plantilla del CAI comprobaba en los aledaños del Príncipe Felipe que los seguidores comienzan a estar cansados de tanto fiasco, ya que salieron en autobús, escoltados por la Policía Nacional y entre algunos gritos que criticaban su actitud. El golpe ha sido durísimo y para levantarse el club tiene que hacer borrón y cuenta nueva. Ese es el camino de que los años venideros hagan olvidar este tan horrible.
http://www.heraldo.es/noticias/deportes/asi_fue_annus_horribilis.html
lunes, 11 de mayo de 2009
Así fue el annus horribilis
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